Psicología del Color parte 2

Crítica de la película: Más Extraño que la Ficción. Año: 2006.

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Esta fatal conexión entre personajes, espacio y color, solo la podemos observar, para nuestro hermoseado tormento, en la figura de la señorita Pascal. De ahí que sea, expresado en psicología, el personaje peor dibujado, demasiado convencida, sin ningún recoveco en su personalidad por el cual sumergirnos, frívolo hasta el adorno. Es la más intrascendente de la historia. Su verdadero momento dentro de la película solo podría establecerse en cuanto la conducimos como medio, una mujer que no puede ponerse como fin, que no puede en general poner fines sacándolos de sí. Debe ser empleada, tiene necesidad de alguien que se valga de ella, y ello es justo: dado que tiene una óptica severa y necesaria en todos sus valores. Todo esto es condición de la existencia de semejante especie de individuo. Existe mucha más complejidad resguardada en el reloj del protagonista. Más alma. 

Bien, y como dije al principio, ese rasgo semejante de homogeneidad (de sobriedad) en la atmósfera, y que emite el color a través de los espacios, pese a la diversidad del conjunto (se plantean ámbitos según sea para cada personaje) bien puede hacernos aprehender la totalidad cromática de los alrededores en que se insertan los múltiples escenarios planteados en la historia. De suerte que la ingenua irreverencia de la señorita Pascal con sus ámbitos bastante alocados y hasta irreflexivos (si los comparamos con los de Harold) en nada contradiga el orden y la uniformidad que prevalecen a lo largo de las situaciones. Así por ejemplo, tenemos en gran parte del inicio que los colores, además de nítidos, casi transparentes de claros, nos resultan acogedoramente fríos. De una perfección y maestría premeditada que no es inmoderado llamar alternativamente frívola. Cuando tocamos el aspecto anímico todo lo que es híper-sofisticado es necesariamente superficial, carente de la gracia que envuelven ciertas lagunas que los buenos psicólogos no tardan en definir como “La sal de la existencia”. O lo que el gran prosista francés, Paul Valéry, todavía más romántico que todos los alemanes e ingleses del siglo XIX juntos, con innegable complicidad escribió: “Lo que a mí más me interesa, en cuestiones del alma, es perder el instinto de conservación, la caza por la caza” Perderse porque todo, incluida la verdad y el equilibrio, son para algunos estratos erróneos. También fracasar es crear hábitos (Óscar Wilde), buenos y reveladores hábitos, parece comunicarle a Harold la voz, que es, a su vez, su involuntario método de iluminación. De superabundancia, de vida interior. 

Y en ello, para retener ambientes sólidos pero anodinos, ayudan los azules metalizados, el plateado luminoso y siempre monocorde, como un sol violáceo y sonriente que nunca declinara. Todo ello en función de poder evocar un mundo y estilo de vida, digámoslo así, elegante o refinado, incomparablemente distinto a la experiencia humana y, en cierta modo, clandestino y somnoliento. No es para nada raro que, casi al inicio, hasta cerca de la mitad de la historia, cuando Harold se sabe manipulado por una narración o entidad ajena a su universo, llueve (temo equivocarme) en dos ocasiones. Pasa lo siguiente. Si relacionamos esta lluvia a lo turbio, lo opaco y lo enmarañado, y hasta a la ignorancia de sentimientos anunciadores, se estropea toda la claridad que para ese momento Harold ostenta, como advirtiendo, burlonamente, lo que está por venir. Y de paso indagan acerca de su restringida omnipotencia de hombre calculador. 

El caso contrario se pone de manifiesto cuando, ante la urgencia de una muerte inmediata inesperadamente el protagonista (Harold) sin zozobra de su parte, se resigna a su acaso, y se plantea la vida ¡y vive la vida como nunca antes! tal como hasta ese momento inconscientemente quiso. Entonces se presenta esto: irónicamente el sol sale. Recordándole el precio de la felicidad. Una felicidad por cierto indecorosa: brota de una decisión cobarde, ante la fuerza inexpugnable de su destino que es, asimismo, insospechado, próximo, que actúa bajo la influencia de una forzosa necesidad. Extrañamente el sol aquí es todo lo aproximado, lo abstracto y lo desconocido. La muerte, precisamente. 

Pronto la tercera parte. ¡Espérela!

Autor:Gaél Truffaut
Fuentes: StrangerThanFiction-Trailerrepelis.cc
Imagen: pixabay_inspiredimages