Reflexiones_5

60

Es evidente que el Maestro Juan al que llamaban el Bautista tenia un acérrimos enemigo conocido como Herodes, el cual gobernaba a los judíos pero a su vez como súbdito del Imperio Romano.

En verdad Juan era amado y odiado por su enemigo. Fue aquella primera vez cuando Herodes quiso conocerlo, enterándose que sus soldados lo habían capturado, Ordenó traer ante su presencia a aquel al cual la gente decía que era la reencarnación de Elias.

Era una tarde de sol intenso, sus rayos penetraban a través de las vigas del majestuoso edificio Herodiano, el ambiente era vaporoso, al entrar la soldadesca con el reo, pidió el mandatario que lo dejaran solo con el llamado Juan.

La figura del Maestro no era clara para Herodes tal vez por el intenso sopor de aquel día. Le pidió que se acercara. Para su sorpresa pudo ver en el Profeta a un hombre joven de majestuosa belleza física, rizos azabaches, ojos oscuros como el ébano posado encima del marfil mas fino y diáfano.

 El servidor de los romano viendo con asombro un supuesto profeta que podía gritar en el desierto con voz de mando, atraer multitudes, y tener discípulos. Un varón que parecía una escultura griega. Por un instante pensó tener frente así mismo a Orión (el cazador). Sus vestiduras eran de pieles de animales muy bien tratadas sujetas a su cuerpo atlético y esbelto por un cinturón de cuero.

 Pregunto su nombre, la voz del profeta era suave pero segura. En un instante el mandatario se lleno de paz con la sola presencia de aquella  reencarnación de Elias. Al percibir esto Herodes, toma su rol y le recrimina por las acusaciones que hacia frente a las multitudes en el desierto de que su gobernante tenia como amante a la propia esposa de su hermano.El bautista contesta con gran serenidad que todo lo que había dicho le había sido revelado por entidades superiores que arrebataban su espíritu todas las noches para adoctrinar lo en lo que tenia que decir todo su pueblo como profeta escogido de aquella generación.

 Las palabras e ideas de aquella entidad llamada Juan eran tan profundas y ciertas que el rey se extasiaba horas oyéndolo hablar. Había algo divino en el, no solamente era hermoso físicamente sino también espiritualmente. Muchas fueron las ocasiones cuando Herodes estaba triste que ordenaba le trajeran al profeta para conversar con el, muy pronto Juan se convirtió en el confidente, en el amigo, pero el monarca no lo podía dejarlo libre por que las autoridades Romanas sabían que “la voz que gritaba en el desierto” era su prisionero.

Aquella noche cuajada de estrellas cuando la brisa suave del desierto nocturno llegaba a la tienda. la danzarina con su cuerpo voluptuoso embrujador contriciones encanta la mirada de Herodes y da a la hechicera el poder de pedir lo que quiera. Cuando la beldad da el dictamen de su poder. Herodes empalice, había dado su palabra, la cual era la de un monarca. El mundo y el tiempo se detienen para el rey víctima de su propia lujuria. Iba a perderlo a el. Al profeta de la esbeltez perfecta, de figura atlética de músculos bien formados de cazador, aquel ser de mirada de estrellas, de pelo ensortijado de cascadas negras. De pensamientos y verdades profundas capaz de leer su alma y hasta sus mas intimos secretos. Se oye un grito, entra un soldado, muestra una cabeza en una bandeja diciendo que es la de Juan, el monarca no la mira. Sale de prisa. Pide que lo dejen a solas,cuando no ve a nadie lanza un grito de dolor, un gemido, llora como un niño. El monarca se da cuenta con gran terror que amaba al profeta,con un amor distinto. Que mientras lo veía hablar, lo deseaba y a la vez lo admiraba por su inmenso espíritu.

Herodes se había enamorado de el, lo amaba profundamente y hacia un instante había dictaminado la muerte de su gran amor.

.

Rosur