Una ofrenda

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A los mil años de los novecientos noventa y ocho de nuestra era, en la tierra de la eterna primavera , yacía en mi lecho, en una noche oscura cuajada de estrellas en la casa de Rebelis.

En ese sueño extasiado y profundo vi varios seres que se dirigían a mi.

Eran seres amorfos, cuando me percaté de su aspecto, sentí miedo por que la mente solo reconoce la formas. Amables eran conmigo y muy amorosos pero sentía terror por su forma sin forma, uno de ellos se percato de mi sentir, por lo cual decidieron tomar una apariencia mas lisonjera. En un abrir y cerrar de ojos eran seres bellos y perfectos de ojos profundos y oscuros, con cabelleras de eros en un azabache espeso. labios desdibujados en lineas gráciles y bellas, rostros perfectos.

Percibí que eran hermanos mayores, seres espirituales y sublimes, algo muy extraño me ofrecieron, que confundió un poco mi sueño. en un papel de cartucho corrugado se hallaba la dádiva que parecía carne de cordero, pese a mi extrañeza el ser me sonrió dulcemente y poso el extraño regalo en mis manos. Al despertar solo pasaba por mi mente aquellas imágenes como el vuelo de un ave pasajera, ya en mi estado de vigilia, no quise contar a nadie algo tan absurdo y sin sentido. Pasaron tres días y sus noches. Me hallaba en mi carruaje de dos ruedas, venia de mis estudios desde el alma mater. Para llegar al palacio espiritual de Rebelis, hay que pasar muchas serpentinas y desfiladeros, era un día soleado y brillante. Cuando iba en medio de la ruta algo pasó que me dejó atónito y perplejo. Yacía en medio del camino un cordero atado de sus patas delanteras y traseras en medio de la vía, parecía un holocausto escapado del viejo testamento, autos iban y venían esquivándolo peligrosamente.

Se encontraba el macho cabrio tirado e indefenso, había un hombre con aspecto de campesino mirando del otro lado expectante quizás a que el animal fuera descuartizado. Pare, cerciorándome que no venia ningún auto, me acerque en mi vehículo de dos ruedas lo tome como pude y lo puse en el piso de mi sedeco. el animal estaba muy bien atado me hacia tambalear pero logre acelerar y con la velocidad, el cordero logro equilibrarse.

Seguí de largo cuando pase por en frente del Palacio Espiritual, aproximadamente cien metros.

Luego me devolví y aprovechando el impulso que había adquirido en la inclinación de la carretera logre subir a toda velocidad , la empinada entrada del campo magnético de Rebelis.

Cuando subía me miraban con asombro y con risas al ver al extraño visitante que traía conmigo. Alguien me ayudó a desatarlo y el carnero salio dando coces de felicidad.

Cuando le comente a Rebelis lo sucedido dijo: “entonces fue un trance.”

Paso un año quizás y me había olvidado de lo ocurrido. Cuando recibo la lamentable noticia que el cordero tenia que ser sacrificado, exponiéndome que este necesitaba cuidados. Yo no quería sacrificarlo, por lo del sueño, pero la insistencia fue tal que accedí. Lo vendí a un conocido con la condición que me diera a probar del sacrificio. El nuevo dueño accedió ante mi extraña propuesta, el cordero fue sacrificado.

Cuando me entregan la porción que yo había requerido. Me la entregaron en un pedazo de papel de cartucho corrugado. Recuerdo que todo esto coincidió con las enseñanzas de Rebelis en esos días en que no comer carne era bueno.

Aunque hoy consumo carnes blancas, un día sueño con ser vegetariano.

Rosur