La historia de la Virgen de Chiquinquirá

Conozca la historia de un lienzo desdibujado que se convirtió en un faro de luz para la comunidad, un recordatorio del poder de la fe y la capacidad de transformación que reside en el corazón humano.

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La historia de la Virgen de Chiquinquirá se remonta a la segunda mitad del siglo XVI, en la región de Suta, Valle de Saquenzipa (Boyacá), en ese entonces el encomendero de esa región, era el caballero español Antonio de Santana. 

En 1560, el fraile Andrés Jadraque, siguiendo el encargo de Antonio de Santana, de  mandar a elaborar una imagen de la Virgen María, para colocarla en la capilla de Suta, acudió al pintor Alonso de Narváez en Tunja.

La pintura fue elaborada sobre un lienzo de algodón fabricado por los indígenas, de 1,26 x 1,13 cms. de tamaño. Al dibujar a la Virgen, a Alonso le sobró espacio, por lo que al lado derecho pintó a San Antonio de Padua, por coincidir con el nombre del encomendero, y al lado izquierdo a San Andrés, apóstol, homónimo del fraile que gestionó la pintura.

Transcurrió el tiempo y a fray Andrés lo trasladaron a otro convento, quedando tanto la capilla, como la pintura, abandonadas. 

Al llegar a Suta en 1576, el doctrinero Juan Alemán de Leguizamón encontró el lienzo muy deteriorado debido a las precarias condiciones de la capilla. Por ello, lo quitó del altar y se lo entregó a Antonio de Santana en presencia de su mujer, Catalina de Irlos. De esta manera, el lienzo fue a parar a una despensa de campo, donde se utilizó, entre otras cosas, para secar el trigo al sol, lo que le provocó varios rotos.

En 1577, debido a la muerte de su esposo, Antonio de Santana, Catalina se fue a vivir a la aldea de Chiquinquirá, y llevó consigo el lienzo para utilizarlo en usos domésticos. 

En 1585, llega María Ramos a Tunja, proveniente de Guadalcanal (España), en busca de su marido Pedro de Santana (hermano de Antonio de Santana), a quien encuentra viviendo con otra mujer. Tras esta decepción, se va para Chiquinquirá a donde su cuñada Catalina de Irlos. Y es allí, en donde María Ramos, encuentra el lienzo abandonado.

María al saber que en aquel lienzo habían dibujado a la Virgen María, lo recoge, lo arregla y lo cuelga en un lugar especial donde se dedicaba a la oración, repetía con fervor: “¿Hasta cuándo, rosa del cielo, habéis de estar tan escondida? ¿Cuándo será el día en que os manifestéis y os dejéis ver al descubierto para que mis ojos se regalen de vuestra soberana hermosura, que llene de alegría mi alma?”.

El viernes 26 de diciembre de 1586, a las 9 de la mañana, al salir de la capilla, luego de orar, María Ramos, una indígena llamada Isabel que pasaba por el frente y venía de Muzo con un niño de entre 4 o 5 años, llamado Miguel, observaron con asombro como dentro de la capilla, la imagen de la Virgen se encontraba en el suelo, de pie, irradiando una luz que iluminaba toda la capilla. Luego de este suceso, las imágenes quedaron renovadas y el lienzo restablecido.

Hoy en día en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, La Renovación, en Chiquinquirá, se puede visitar el Pozo de la Virgen, que queda en el sitio donde sucedió la renovación del lienzo, dicen que el agua es certificadamente pura. Y allí en el mismo lugar reposan los restos de la española María Ramos. 

Este evento milagroso marcó un hito en la historia religiosa de Colombia, convirtiendo a la Virgen de Chiquinquirá en un símbolo de fe y esperanza para el pueblo colombiano, siendo considerada la Patrona de Colombia.

Autor: Vilma Guzmán                                                                                                    Fuente: benalixaguadalcanal.es, goboy.com.co, virgendechiquinquira.com, facebook.com, diocesisdechiquinquira.org, virgendechiquinquira.com.
Video: Archivo personal Vilma Guzmán
Imágenes: Archivo personal Vilma Guzmán